El cursillo: modales y gritos

A los que somos recién llegados en mi empresa, los primeros días nos han hecho asistir con otra gente a un cursillo de lo más singular. Tanto es así que no creo que lo olvide en muchos años.

Durante los dos primeros días tuvimos una instructora que, si hubiera nacido hace unos siglos, sin duda hubiera sido una 芸者 geisha. Nos explicó, en resumidas cuentas, cómo hablar en cada situación para que la educación sea máxima. Esto no es tan fácil cuando se trata de la lengua japonesa, ya que hay que usar verbos distintos a los que normalmente se usan y uno puede confundirse. De 35 personas, por cierto, los únicos extranjeros éramos una chica coreana y yo.

Aparte del hablar, nos enseñó cosas tal que:

Cómo entregar tarjetas profesionales: primero tienes que ponerla junto a la de tu interlocutor, encarada de forma que él pueda leerla, y luego moverla a la derecha y colocarla en su mano, a la vez que recibes la suya. Llegados a este punto tienes que comprobar en voz alta el nombre y la empresa. Y no hay que olvidar que, como las tarjetas son algo importante, nunca deben sostenerse a una altura inferior al pecho, hasta que se guardan en el cachivache para tarjetas.

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Cómo responder a una llamada telefónica: aparte de las fórmulas japonesas de cortesía, me llamó la atención que nos pidiera que sonriéramos e hiciéramos reverencias aunque no nos vean, pues así “la voz sale mejor”. Tampoco es correcto, al parecer, apoyar el codo en la mesa mientras se está al aparato.

Cómo andar y estar de pie (!): lo primero sin hacer ruido pero con firmeza, lo segundo estirándote hacia arriba y apretando el culo. En el caso de los hombres cuando estás parado la mano izquierda se pone sobre la derecha, (cosa contraintuitiva para los diestros) lo cual es una costumbre que viene de los 侍 samuráis y significaba que no tenían intención de desenvainar su espada.

-Dónde ponerse en el ascensor, coche, mesa: en compañías muy formales, el lugar que ocupas en estos sitios depende de la jerarquía empresarial. A grandes rasgos, como más arriba estés, más lejos de la puerta te toca estar.

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Reverencias: Se baja rápidamente y se sube lentamente. 30 grados para expresar agradecimiento, 45 para pedir perdón. “Hasta que duela un poco aquí, fueron sus exactas palabras”

Salud: nos dijo que debemos cuidarla, ya que al ponernos enfermos quizás estamos obligando a otro a hacer nuestro trabajo…

La mujer se movía con suma gracia y hablaba con igual cura. ¡Qué reverencias hacía! Era estricta en lo que pedía pero lo hacía con amplia sonrisa y explicando los motivos (aunque pudieran resultar discutibles). También se cuidaba mucho de elogiar de vez en cuando al personal: “Aplaudamos a Saito san, que se ha hecho un peinado más formal durante el descanso”. “Aplaudamos a Masaki san, que ha reconocido sus errores en público”. “Aplaudamos a Habieru san, que sólo ha vivido 3 años en Japón y habla tan bien el japonés”.

El último día fue completamente diferente. Tuvimos como instructor un señor que nos hizo una simulación de trabajo con un jefe estricto. Nuestra misión era hacer unos ejercicios en grupo realmente complicados y hacer una presentación al final. Él estaba en otra sala, interpretando su papel de jefe, y nos llamaba: “¡Grupo B!” Si el grupo se mostraba mínimamente remolón, un grito suyo atronaba la habitación: “¡Responded!” Y todos decían al unísono “¡Sí!” e iban al instante alarmados.

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Recuerdo que cuando los de mi grupo pasamos a su “despacho”, enseguida estaba gritando “¡Llegáis tarde!” aunque no era para nada el caso. La primera vez que nos llamaba era para que le hiciéramos preguntas sobre qué teníamos que hacer en sólo 1 minuto. Al acabar el minuto, sonaba una alarma y nos echaba sin más dilación. La segunda vez era para que le informáramos de cómo iba nuestro complejo y confuso trabajo. Cuando una chica le dijo con voz temblorosa que no creía que pudiéramos acabarlo a tiempo, él la cortó para espetar que teníamos que terminar a tiempo. La presión era alta y se me quedó marcada la expresión de miedo de uno de mis compañeros.

A veces, a media faena aparecía llamando a miembros de los grupos para dar nuevas órdenes que cambiaban ligeramente el objetivo principal, o simulaba una llamada de teléfono con algún largo recado que alguien tenía que transmitir al jefe.

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Al final, cuando 5 de 6 representantes de grupos tuvieron que disculparse por no haber terminado la tarea, él los interrumpía; “Siéntate, esto no vale la pena escucharlo”.

Después, cada grupo hizo una especie de mural con lo que habíamos hecho bien y mal y alguien lo exponía brevemente. Por algún motivo, de mi grupo fui yo quien habló. El instructor me miró circunspectamente y no hizo ningún comentario. A cambio, reprendió a un compañero por llevar la corbata poco ajustada.

No sé qué sacar de todo esto. Mi empresa es bastante informal y la gente es muy amigable, y no se siguen el 90% de protocolos que aprendimos. Todos visten ropa de calle, el jefe te pide que le llames por su nombre, puedes comer mientras trabajas y también decorar tu espacio con Totoros. ¿Para qué un cursillo de este tipo?

Un comentario el “El cursillo: modales y gritos

  1. Per a que puguis fer aquest post XDXDXD Ostres molt curiós això de les mans! I ohhhh a tu també et van aplaudir jejeje va molar més amb la jefa que amb el jefe eh XD

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