Pene

Ayer, tras cenar con unos amigos, caminamos un rato por las calles de La Ciudad Condal. Una amiga barcelonesa, con toda naturalidad, llegado cierto punto me dijo: “Mira, ese señor de ahí a veces le enseña el pito a la gente que pasa por la calle”. Su hermana, con la misma impasibilidad genial, asintió y añadió que sería interesante conversar con él. Una reacción muy diferente -pensé sonriendo- al caos y al dramatismo que se desataría en un grupo de japonesas por un comentario similar.

Al pasar junto al personaje, casi me decepcioné al ver que no llevaba la gabardina… Tan necesaria para su extraña afición. Quería ver el súmmum de la falta de sorpresa.

Un comentario el “Pene

  1. En cierta ocasión, caminando bajo un sol de justicia por el barrio Santa Cruz de Sevilla con un colega de trabajo, apareció de repente un tío en bici en pelotas. Pero en pelotas del todo, sin tanga ni ná.
    Mi amigo y yo ni siquiera hicimos comentario alguno. Unos 10 segundos después aparecieron por la misma esquina que el ciclista dos muchachas japonesas desternilladas de risa. Creo que el calor las afectaba menos que a nosotras.

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