El Studio Ghibli… ¿Cierra?

Ayer por la noche dieron por la tele un programa sobre el Studio Ghibli, al que casualmente eché un ojo. Toshio Suzuki, el actual presidente, hablaba de lo dura que había sido la partida de Hayao Miyazaki y del futuro del estudio. Entre mordidas a mi austera cena escuché que se mencionaba circunspectamente una “limpieza”, a lo que no di mucha importancia. No digo que no la tuviera, pero distintos blogueros occidentales, como suele ocurrir cuando se trata de noticias sobre Japón, saltan de sus sillas al ver un artículo mal traducido o sacado de contexto, cual notando una ardilla en los gayumbos, y se lanzan a teclear lo que sea que hayan leído.

El motivo de todo el embrollo ha sido este comentario:

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“Es difícil decirlo en palabras, pero… Estaba pensando en disolver el apartado de producción del estudio”.

Sí, suena bastante mal, pero que no cunda el pánico todavía. El señor Suzuki estaba hablando sobre cómo salir adelante tras la marcha de Miyazaki. Lo que dijo justo después es que haría una gran “reestructuración” o “reconstrucción”. Alguien le preguntó que la duda que tenían todos era sobre la próxima película (la última fue When Manie Was There) a lo que él respondió lo siguiente: “La marcha de Hayao Miyazaki fue algo muy grande. ¿Qué hacer ahora con los estudios? No sería imposible seguir haciendo películas así indefinidamente, pero nos tomaremos un pequeño descanso para pensar en qué hacemos”. Entonces Hayao Miyazaki, que estaba presente, añadió que hay que esperar hasta idear una película que realmente quieran hacer. Que hay que pensar en qué enseñar a los niños. Y que no hay más remedio -repitió- que esperar ese instante de iluminación. “Cuando sea el momento, la idea vendrá“.

Pues como veis, la cosa no está tan clara como para decir sin ton ni son que Ghibli deja de producir películas. Lo que de momento parece confirmado es que harán un gran cambio en el departamento y entrarán en una fase de reflexión. ¿Tardaremos en ver su siguiente obra? Seguramente sí. ¿La próxima que nos traigan será hecha por ellos? Seguramente no. Pero si Studio Ghibli estuviera cerrando definitivamente su apartado de producción de películas hoy habría sido notición en todos los medios nipones, cosa que no ha ocurrido. (Además, Hayao sin duda me hubiera contado tales intenciones cuando le entrevisté personalmente).

Así que si leéis algo muy dramático en un idioma sin ideogramas, cogedlo con pinzas, como si oliera muy mal, y no os lo creáis todo.

Yo quiero ser optimista y pensar que tarde o temprano encontrarán inspiración para un nuevo film. A fin de cuentas, ¿qué sería un Studio Ghibli que no produce películas? Sería como la Princesa Mononoke trabajando en una compañía de seguros. Sería como si Chihiro dejara de buscar a sus padres. Como si El Castillo Ambulante no ambulase, y Totoro volara en avión Y Porco Rosso en una peonza…. Sería, en resumen, algo que no debe ocurrir.

Lo que toca es esperar a las Musas.

3 años agradeciendo mal

Cuando uno estudia japonés, por poco que conozca el país ya sabe de antemano algunas palabras como 寿司 sushi, ありがとう arigatō o 文部科学省共済組合 monbukagakushōkyōsaikumiai. Quizás esta última menos. El caso es que todo el mundo sabe decir “gracias” en japonés, y quienes lo estudiamos aprendemos rápidamente que “muchas gracias” es “arigatō gozaimasu“. ¿Pero es realmente así? O sea, sólo dices arigatō gozaimasu cuando cancelan una cita con Miss Korea para salvarte de un volcán en erupción… ¿¿No??

Pues bien, la respuesta me llegó ayer, cuando estaba jueguisteando en la empresa y la señora de la limpieza me hizo mover los pinreles para barrer el suelo. Debo decir que siento un gran respeto por la madama, por ser la que se levanta antes, con el trabajo más duro, la más mayor y la más pizpireta del edificio. Sin embargo, al no haber sido rescatado de volcán alguno -que en Japón hay que hacerlo todo en su justa medida- me limité a darle las gracias normales, las arigatos, expresión que conocía desde pequeño y por lo tanto no podía fallar. Descubrí entonces, como sospecha el lector, que mi desconocimiento del idioma nipón era capaz de llegar hasta niveles tan básicos.

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Mi compañero me dijo “¿Por qué le hablas así?” sorprendido por mi despótica intervención. Y es que “arigatō gozaimasu” es la manera formal de decir “arigatō“, sin importar el grado de agradecimiento. Podría parecer gramaticalmente raro, pero más raro es que suelan decir “arigatō gozaimashita“, que es como “arigatō gozaimasu” pero en pasado. No es un verbo pero tiene pasado. Y es formal. Y significa gracias. Ahí lo dejo.

Fue todo un shock. Yo pensaba que estaba dando una buena impresión de los occidentales en general, estrechando lazos culturales y con ciertas probabilidades de ser declarado Emperador un día no muy lejano. Por contra, resulta que me he pasado más de 3 años dejando un reguero de afrentas, oprobios y traumas incurables. Más de 3 años de tratar a la gente como prescindibles gusanos que anidan en un excremento. Mis agradecimientos han estado volando como 手裏剣 shurikens envenenados, aspirando a satisfacción y clavándose fugazmente en la yugular de mis víctimas. Ni siquiera el instructor del curso de modales podría ostentar un récord tan tiránico, aún poniendo todo su desprecio en el intento.

Nada podrá reparar jamás el daño causado, pero puedo paliarlo ligeramente dedicando el resto de mi vida al 土下座 dogeza extremo (lo de abajo) como penitencia.

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Me voy a practicar los movimientos básicos.

Arigato por leer el post.

 

Yendo al sentō

Ayer, como buen jueguista en Japón, fui a un airsoft de estos en el que varias empresas se pegan tiros amigablemente. Al estar el sitio lejos de Tokio, pareció una buena idea aprovechar para ir luego a un 銭湯 sentō, es decir, unos baños termales. Si creéis que disparar a alguien es una forma rara de hacer amigos, probad a vagar por piscinas y saunas en estado de despelote.

Un programador de mi empresa se encargó de enseñarme cuanto pudo y recordarme lo muy gaijin que soy.

Primero, uno se limpia en las duchas.

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Sentado, en efecto. Hasta aquí parecería difícil cometer error alguno, pero nada más lejos de la verdad.  Mi atento orientador me hizo notar que mi toalla era absurdamente grande.

-Deberías haber cogido la otra toalla.

-¿Qué otra toalla? ¿Había que traer dos?

-Aquí se lleva la toalla pequeña. Sirve para muchas cosas. Deberías guardar esa antes de que se moje.

Uno de los usos de la toalla pequeña es usarla como esponja (!). Otro es quitarse el sudor de la cabeza. Otro es -previo escurrimiento, y contra todo pronóstico- secarse un poco antes de entrar al vestuario, donde uno, ya sin gotas rezumando por el cuerpo, pasa a una segunda fase de secación con la toalla grande. El tipo de sitio donde te alegras de tener un guía, en resumen.

Una de las bañeras supuestamente guardaba propiedades beneficiosas para las articulaciones (estimo que mediante algún tipo de vudú antiguo). Otra estaba a 15 grados, pensada para meterte si el calor de las demás se hiciera insoportable. La sauna contenía un gran bol con sal gruesa en el medio. Lo observé intrigado hasta que un local cogió un puñado y empezó a frotársela por el cuerpo. Cada uno, al salir, echaba una cuenco de agua donde se había sentado para limpiar la sal. Este condimento por lo visto te hace sudar y eso es bueno para el body. Muy chulo, pero un consejo: si te pica ligeramente la pierna antes de entrar, te picará mucho al salir.

Lo que más me conquistó fueron los 寝風呂 neburo, bañeras calientes pensadas para que te estires y apoyes la cabeza. El lugar ideal para descansar tras pasarte el día esquivando disparos de Bandai Namco. Como las hay en el exterior, si vas de noche y estás lejos de Tokio con suerte podrás ver más de las 4 estrellas que se ven desde la capital. En algunos baños el agua es incluso bebible. Me sorprende la confianza que tienen los japoneses en la higiene ajena… El agua tiene un gusto salado, me comenta mi programante compañero. Aunque después de aliñarme en la sauna, ya tengo mis teorías sobre la posible causa.

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Al terminar la gincana acuática y vaporil, es costumbre por aquí beber una botellita de leche. “Tan evidente como decir buenos días por la mañana”, asegura mi jefe. ¿Quién soy yo pues para romper tan solemne tradición?

Siento que ayer fue el día en que alcancé la cúspide de limpieza de mi cuerpo. A partir de hoy todo es cuesta abajo.

 

Lo más interesante del E3 2014

Otro año más ha terminado el E3 de Los Ángeles, la feria más importante del mundillo de los videojuegos, dejando unos cuantos tráilers que hacen la boca agua.

En mi empresa jueguista, como es natural, seguimos el evento de cerca. Yo me ilusiono pensando que en uno o dos años seguramente iré al evento como representante.

Por curiosidad, le pregunté a uno de nuestros programadores qué había sido lo que más le había interesado. ¿El mundo abierto de The Witcher 3? ¿Lo hombres lobo de The Order: 1886?  ¿La realidad virtual de Occulus Rift? ¿O quizás algo más japonés, como Bloodborne o el nuevo Zelda? Bueno, en esto último no me equivocaba, pues el juego elegido fue はーとふる彼氏 ha-to furu kareshi, en su versión inglesa “Hatoful Boyfriend”, un juego que -pobre de mí- pecaba de desconocer.

Se trata, por supuesto, de un simulador de citas entre palomas. La acción se desarrolla en una prestigiosa escuela pajaril. Aquí está la web en inglés.

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Estos japoneses no dejan de sorprenderme.

 

El golf de los jueguistas

El otro día tuve la oportunidad de disparar a mi jefe y a mis compañeros de trabajo.

La ocasión fue que fui invitado por primera vez a una partida de airsoft, en la que los participantes se visten más o menos de militares y se tirotean con balas de plástico. Como van a menudo, muchos llevan sus propias armas y uniformes, creando un panorama bastante variopinto. El premio se lo llevaría esta vez uno que iba de ninja, aunque al ser pleno día su camuflaje hubiera podido ser mejor. Tampoco pasaba desapercibida una chica con un vestido de camuflaje, con falda y lacito y todo, una combinación de lo más peculiar.

Por lo visto, en el mundo de los desarrolladores de videojuegos nipones esto es lo que en otras profesiones sería el golf, un método para conocer mejor a los de la empresa y hacer contactos de fuera. Se organizan partidas con miembros de varias compañías que luego empiezan a dispararse y a probar suerte capturando la bandera enemiga. Una forma como cualquier otra de conocer gente. Uno de los rivales con los que me lie a tiros, uno con un rifle bastante imponente, me comentó que era un programador de The Evil Within, cosa que me sorprendió positivamente pues es un juego que espero con muchas ganas. Casi me hizo olvidar el que frustrara mi intento de conquistar su base minutos atrás.

Dentro de unos meses, la empresa tiene una quedada de estas con Square Enix… ¡Contra su famoso estilo de lucha por turnos, habrá que subir de nivel!

 

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Aspirantes

Ya han terminado las entrevistas a los candidatos para entrar el año que viene en la empresa. Seres nerviosos, te saludan de la forma más cordial y sonriente que les es posible, esperando dar una buena imagen. A una chica que me he cruzado por algún motivo le he dicho “buenos días”, cual recién levantado, cuando eran las cuatro de la tarde. Ella, por no desentonar me ha respondido de la misma manera. Nunca se sabe quién es de recursos humanos.

A un chaval le he visto hacer una marcada reverencia antes de entrar a la sala de reuniones. ¿Había que hacer eso? Por lo visto sí. Recuerdo que en comparación yo entré y salí bastante anárquicamente, poco me faltó para gritar “¡Chócala!”, tirar una bomba fétida, sentarme con los pies encima de la mesa y empezar a comer calçots sin manos para demostrar mi valía como ser humano.

 

El cursillo: modales y gritos

A los que somos recién llegados en mi empresa, los primeros días nos han hecho asistir con otra gente a un cursillo de lo más singular. Tanto es así que no creo que lo olvide en muchos años.

Durante los dos primeros días tuvimos una instructora que, si hubiera nacido hace unos siglos, sin duda hubiera sido una 芸者 geisha. Nos explicó, en resumidas cuentas, cómo hablar en cada situación para que la educación sea máxima. Esto no es tan fácil cuando se trata de la lengua japonesa, ya que hay que usar verbos distintos a los que normalmente se usan y uno puede confundirse. De 35 personas, por cierto, los únicos extranjeros éramos una chica coreana y yo.

Aparte del hablar, nos enseñó cosas tal que:

-Cómo entregar tarjetas profesionales: primero tienes que ponerla junto a la de tu interlocutor, encarada de forma que él pueda leerla, y luego moverla a la derecha y colocarla en su mano, a la vez que recibes la suya. Llegados a este punto tienes que comprobar en voz alta el nombre y la empresa. Y no hay que olvidar que, como las tarjetas son algo importante, nunca deben sostenerse a una altura inferior al pecho, hasta que se guardan en el cachivache para tarjetas.

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-Cómo responder a una llamada telefónica: aparte de las fórmulas japonesas de cortesía, me llamó la atención que nos pidiera que sonriéramos e hiciéramos reverencias aunque no nos vean, pues así “la voz sale mejor”. Tampoco es correcto, al parecer, apoyar el codo en la mesa mientras se está al aparato.

-Cómo andar y estar de pie (!): lo primero sin hacer ruido pero con firmeza, lo segundo estirándote hacia arriba y apretando el culo. En el caso de los hombres cuando estás parado la mano izquierda se pone sobre la derecha, (cosa contraintuitiva para los diestros) lo cual es una costumbre que viene de los 侍 samuráis y significaba que no tenían intención de desenvainar su espada.

-Dónde ponerse en el ascensor, coche, mesa: en compañías muy formales, el lugar que ocupas en estos sitios depende de la jerarquía empresarial. A grandes rasgos, como más arriba estés, más lejos de la puerta te toca estar.

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-Reverencias: Se baja rápidamente y se sube lentamente. 30 grados para expresar agradecimiento, 45 para pedir perdón. “Hasta que duela un poco aquí, fueron sus exactas palabras”

-Salud: nos dijo que debemos cuidarla, ya que al ponernos enfermos quizás estamos obligando a otro a hacer nuestro trabajo…

La mujer se movía con suma gracia y hablaba con igual cura. ¡Qué reverencias hacía! Era estricta en lo que pedía pero lo hacía con amplia sonrisa y explicando los motivos (aunque pudieran resultar discutibles). También se cuidaba mucho de elogiar de vez en cuando al personal: “Aplaudamos a Saito san, que se ha hecho un peinado más formal durante el descanso”. “Aplaudamos a Masaki san, que ha reconocido sus errores en público”. “Aplaudamos a Habieru san, que sólo ha vivido 3 años en Japón y habla tan bien el japonés”.

El último día fue completamente diferente. Tuvimos como instructor un señor que nos hizo una simulación de trabajo con un jefe estricto. Nuestra misión era hacer unos ejercicios en grupo realmente complicados y hacer una presentación al final. Él estaba en otra sala, interpretando su papel de jefe, y nos llamaba: “¡Grupo B!” Si el grupo se mostraba mínimamente remolón, un grito suyo atronaba la habitación: “¡Responded!” Y todos decían al unísono “¡Sí!” e iban al instante alarmados.

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Recuerdo que cuando los de mi grupo pasamos a su “despacho”, enseguida estaba gritando “¡Llegáis tarde!” aunque no era para nada el caso. La primera vez que nos llamaba era para que le hiciéramos preguntas sobre qué teníamos que hacer en sólo 1 minuto. Al acabar el minuto, sonaba una alarma y nos echaba sin más dilación. La segunda vez era para que le informáramos de cómo iba nuestro complejo y confuso trabajo. Cuando una chica le dijo con voz temblorosa que no creía que pudiéramos acabarlo a tiempo, él la cortó para espetar que teníamos que terminar a tiempo. La presión era alta y se me quedó marcada la expresión de miedo de uno de mis compañeros.

A veces, a media faena aparecía llamando a miembros de los grupos para dar nuevas órdenes que cambiaban ligeramente el objetivo principal, o simulaba una llamada de teléfono con algún largo recado que alguien tenía que transmitir al jefe.

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Al final, cuando 5 de 6 representantes de grupos tuvieron que disculparse por no haber terminado la tarea, él los interrumpía; “Siéntate, esto no vale la pena escucharlo”.

Después, cada grupo hizo una especie de mural con lo que habíamos hecho bien y mal y alguien lo exponía brevemente. Por algún motivo, de mi grupo fui yo quien habló. El instructor me miró circunspectamente y no hizo ningún comentario. A cambio, reprendió a un compañero por llevar la corbata poco ajustada.

No sé qué sacar de todo esto. Mi empresa es bastante informal y la gente es muy amigable, y no se siguen el 90% de protocolos que aprendimos. Todos visten ropa de calle, el jefe te pide que le llames por su nombre, puedes comer mientras trabajas y también decorar tu espacio con Totoros. ¿Para qué un cursillo de este tipo?

Primer día de trabajo

Hoy, en el día de máximo florecimiento del 桜 sakura, yo y muchas personas en Japón hemos empezado a trabajar. Ha sido una jornada de orientación y explicaciones, por lo que quizás la palabra trabajar se queda grande, pero no por ello el día deja de tener su importancia. Uno de los primeros asuntos de la mañana ha sido autopresentarse delante de todos, un momento que temía bastante, si soy sincero. Tenía preparadas unas palabras sobre de dónde vengo y qué he estudiado -lo que yo entiendo que se hace al presentarse- y me ha alarmado un poco que los otros afrontasen el tema de una forma mucho más filosófica, explicando qué es para ellos un juego, cómo estos hacen felices a la gente y cosas así. Yo, al llegar mi turno, he hecho acopio de todas mis habilidades lingüísticas y solemnemente he declarado:

(Dramatización)

Ah, y esta vez yo era el único de los nuevos que iba sin traje… No se puede acertar siempre.

Luego han venido explicaciones sobre las normas de la empresa y el edificio. Me ha llamado la atención el cuidado que le ponen al secretismo y a la seguridad. Por ejemplo, no se pueden hacer fotos dentro del recinto y luego colgarlas en Facebook, por riesgo a que alguien haga zoom en la imagen y vea algún documento con información inédita. Tampoco se puede hablar sobre los juegos fuera de la empresa en espacios públicos, y si se hace hay que usar nombres en clave por si acaso. Lo de las fotos es una lástima porque el sitio de trabajo está interesantemente decorado. Cada uno pone en su mesa y sobre su ordenador las figuritas que quiere, por lo que el lugar está lleno de personajes de videojuegos, mangas y algún que otro dinosaurio. Yo también tengo ahora mi propia mesa y un ordenador con 2 monitores… Tendré que acicalar la zona.

La empresa está en el mismo piso que otra empresa, habiendo baños comunes y una habitación con un fregadero. Lo curioso es que la mitad derecha del mismo “pertenece” a una empresa y la mitad izquierda a la otra, y en los lavabos los papeles para secarse también están separados y etiquetados.

El horario es flexible. Se considera que de 10am a 15 pm hay que estar en la empresa, pero por lo demás puedes distribuirte el tiempo más o menos como quieras. Eso sí, tienes que llegar a una media de ocho horas al día, nueve incluyendo una hora para comer. Lo normal es ir de 10am a 7pm, pero en teoría puedes, por ejemplo, entrar 3 días a las 7 de la mañana y tomarte el día siguiente libre. Hay una pequeña posibilidad de tener que trabajar algún día festivo, pero si así fuere podríamos tomarnos el descanso otro día. Al final de cada jornada de trabajo uno tiene que escribir en un diario online lo que ha hecho.

De toda la orientación, un comentario de nuestra guía se ha quedado en mi memoria por su gran japonesidad: “Por favor, si a algún 先輩 senpai se le cae comida al suelo y lo ensucia, ofrézcanse voluntarios para limpiarlo ustedes“.

Durante esta semana estaré asistiendo a seminarios con los otros nuevos. A partir de la semana que viene con ellos haré un juego para iPhone durante 3 meses. Después nos adjuntarán a algún otro proyecto con los senpais. Para ir al seminario tenemos que, y cito textualmente, “llevar traje, maletín en caso de tenerlo, herramientas para tomar notas y un reloj de pulsera” (¡¡¿¿??!!) Que no piense el lector que tendré que hacer examen alguno. El reloj es por lo visto una muestra de educación, pensado para que no miremos descortésmente la hora en el móvil. Suerte que he podido coger uno prestado.

Al llegar a la resi, los que empezábamos hoy hemos hecho un kanpai con un buen 梅酒 umeshu. Empieza la vida de trabajador.

 

La ceremonia de graduación

Hace poco fue finalmente la ceremonia de graduación de mi máster videojueguil. A diferencia de la ceremonia de matriculación, cabe mencionar que esta vez fui con traje. Y a la hora que tocaba. Se hacía a 10 minutos andando de mi casa, sí, pero no quitemos mérito a mi fortalecida integridad.

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Como esperaba, el protocolo fue altamente formal y circunspecto. Se nos avisaba de cuándo levantarnos y cuándo reverenciar. A veces, alguien salía a la tarima a recoger algún certificado, en cuyo caso repartía reverencias antes durante y después de recibirlo, cinco en total, y hasta volver a llegar a su silla el silencio era absoluto. Me alegro de que no me tocara a mí, pues seguramente me hubiera hecho un lío, reverenciado a mí mismo, ofendido al 神 Kami local y sido expulsado inmediatamente del país. ¿Creéis que exagero? Mirad al director de la universidad y decidme que no se está preparando para juzgar tu reverencia con cada átomo de su cuerpo. Haced zoom en su cara y sentid El Pavor. Revolcaos en su infinita decepción cada vez que toméis una mala decisión en la vida:

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Algo que no me esperaba es que las chicas -y sólo las chicas- fueran con vestidos tradicionales. Aunque hubiera tenido cierta gracia que esta vez me creyera acertado yendo con traje y todos vistieran un kimono. Pero no fue así, y encajé tanto como Godzilla en una iglesia, que es lo máximo a lo que puede aspirar un gaijin en Japón. Llamémoslo éxito.

Para vuestro disfrute, cual pederasta barbilampiño (o persona normal) tomé algunas fotos de los participantes para colgarlas en internet. He aquí una japonesa con 着物 kimono:

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Aquí una futura 漫画家 mangaka taiwanesa con un vestido tradicional chino:

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Y aquí un caballero… Inspirado por Tim Burton:

IMG_0782Después de la ceremonia, como deducís por las fotos, hubo copichuelas y un ambiente más festivo. No miento de hecho si digo que un grupo de (ex)estudiantes desenfrenados hasta se marcó un buen Harlem Shake. Las cosas extranjeras tardan un poco en llegar a estas tierras…. En fin, aquí tenéis una foto con mi (ex)tutor, 徹岩谷 Toru Iwatani:

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Y para terminar, una foto de la facultad de videojuegos.

Ay… El fin de mi época de estudiante.

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